Valiente fue mi donante y sobre todo su familia.

Soy Laura, tengo 37 años, vivo en Logroño (La Rioja) y hace 5 años me trasplantaron de corazón.

Todo comenzó hace 33 años cuando me detectaron que padecía una cardiopatía congénita que se trataba de ventrículo único. Con ese diagnóstico en el hospital de La Paz deciden realizarme la primera intervención quirúrgica.

A partir de ese momento crecí como una niña normal a pesar de tener que acudir de forma periódica a revisiones médicas. Pude estudiar sin problemas incluso estudios universitarios, además, en mi último año tuve la oportunidad de cursarlo mediante una beca Erasmus en Dinamarca. Tras los estudios comencé a trabajar primero de becaria en una caja de ahorros y después UNIR (Universidad Internacional de La Rioja) donde trabajo actualmente y donde he podido desarrollar una carrera profesional adquiriendo puestos de responsabilidad. Una vida sin grandes esfuerzos, pero normal, o al menos así lo he percibido.

En cada revisión, los médicos comprobaban que la operación realizada años atrás había resultado muy exitosa, pero me recordaban que mi cardiopatía era una enfermedad lineal, es decir, que se mantendría en el tiempo, pero que tenía que estar muy pendiente ya que una vez que empezase a notar deterioro este iba a ser en “caída libre”. Y efectivamente, así empezaron los síntomas cuando tenía 22 años.

Cuando antes era capaz de subir dos pisos de escaleras, luego ya solo podía subir uno y, con el tiempo, ya solo podía subir la mitad, tenía que pararme para recuperar oxígeno y lograr alcanzar el primer piso. Antes era en las cuestas cuando me cansaba, ahora caminando en llano dando un paseo por Logroño había momentos que tenía que pararme. Terminaba la jornada laboral agotada, ya no me apetecía salir por las noches con mis amigos porque era un esfuerzo, hacer un viaje de trabajo era estar agotada durante varios días… los labios estaban casi todo el tiempo con color morado al igual que las uñas por la falta de oxígeno, ya había empezado la enfermedad a limitarme.

En 2017, los médicos mencionan por primera vez la opción del trasplante de corazón, aunque debíamos esperar el momento adecuado para ello. Cuando oyes por primera vez trasplante, impacta y asusta, no os voy a engañar, aunque poco a poco vas aceptando que será la mejor opción.

En enero de 2019, en la consulta rutinaria me dijeron que debía comenzar con las pruebas para ver la idoneidad de someterme a un trasplante de corazón, el momento había llegado. En mayo de 2019 ingreso para comenzar con las pruebas de cara al trasplante y, en esa misma semana, me indican que es el momento de ingresar en la lista de espera, mi vida estaba llegando a su fin. Me ofrecían una esperanza de vida de 5 años sin garantizar mi estado durante ese tiempo. Sin duda, acepté entrar en esa lista, tenía 31 años y quería seguir viviendo, tenía toda la vida por delante, aunque mi corazón pensase lo contrario.

Tan solo 3 semanas después de entrar en lista de espera, me esperaba un fin de semana de mucha intensidad, el sábado tenía la boda de un buen amigo y, al día siguiente era el 30 cumpleaños de mi hermano y le habíamos organizado una fiesta sorpresa.

El sábado acudo a la boda y, en mitad del banquete, recibí la llamada más importante de mi vida donde solo recuerdo escuchar “hay un corazón para ti, te esperamos”.

Fue increíble y memorable recibirla en ese momento, rodeada de mis amigos y coincidiendo con el cumpleaños de mi único hermano.

Afortunadamente, el trasplante fue muy bien, el nuevo corazón latió en el momento en el que lo conectaron en mi cuerpo y eso supuso el comienzo de mi nueva vida. Desde el primer momento ya me noté mejoría, mis uñas ya no eran moradas, mis labios tenían un color rosa que a todo el mundo le llamaba la atención, ya en planta me dejaban caminar, subir escaleras por el hospital y esa sensación de subir 2, 3 pisos y sentir que no me cansaba es indescriptible.

A partir de ahí todo fueron primeras veces, caminar y no cansarme, ir en bicicleta y disfrutar sin sufrir por agotarme, volver a subir al monte y realizar viajes por todo el mundo que antes eran impensables. Esa sensación de tener toda la vida por delante y gracias a que una persona, a que una familia fue tan generosa que me ofreció una segunda oportunidad.

A lo largo de estos 5 años, en muchas ocasiones me han dicho que he sido muy valiente, no lo considero así, solo he luchado por seguir viviendo. Valiente fue mi donante y sobre todo su familia que dijo si, si a donar sus órganos para ofrecerme una vida. Han pasado 5 años desde entonces, precisamente los 5 años que me ofrecían de esperanza de vida y, que, sin la generosidad, la solidaridad de mi donante posiblemente ya no estaría aquí.

GRACIAS.

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