Mi nombre es Manuela La Haba, tengo 51 años y llevo trasplantada de corazón más de seis años. Todo este tiempo estoy viviendo gracias a la generosidad de la donación, es decir, de un donante y su familia, que en el peor momento de la vida dijo sí a la donación, y por ello, yo y personas como yo seguimos viviendo.
Mi corazón nació sano, pero con siete años me detectaron un sarcoma de Ewing en la mandíbula, un tumor maligno, y el tratamiento de quimioterapia provocó que con once años me diera un fallo multiorgánico, del cual sobreviví, pero dejó dañado mi corazón con una miocardiopatía dilatada. Es decir, mi insuficiencia cardíaca fue por toxicidad.
Viví una vida casi normal, aunque con pequeñas limitaciones y medicación diaria, y los hospitales se iban a quedar para siempre como “segunda residencia” en mi vida. Sin embargo, pasaron los años, crecí, me casé y tuve un hijo con parto natural, en el que mi corazón sufrió micho y se volvió a dilatar. Volvieron a controlarlo, pero había que cuidarlo especialmente porque ya había sufrido mucho.
Los años continuaron, y con 42 años comencé a encontrarme mal, más agotada, sufría taquicardias, sentía pesadez en las piernas…Así, cuando me vio un cardiólogo me pasaron a la Unidad de Insuficiencia Cardiaca, y lo primero que vieron fue que el corazón estaba dilatado de nuevo, añadiendo esta vez un riesgo de muerte súbita por una disfunción ventricular severa, y a los pocos días ya tenía en mi cuerpo un DAI.
No obstante, a pesar de la medicación, mi autocuidado, y los cuidados por parte de los médicos por mantener los latidos y el corazón con el que nací, tuvieron que derivarme a Virgen del Rocío para valorar un posible trasplante cardíaco. Esto ya eran palabras mayores, y palabras nuevas para nosotros. Y aquí, comienza mi último camino para continuar viviendo.
El primer viaje hacia Sevilla, mi marido y yo, no imaginábamos todos los viajes que quedaban por hacer, llenos de dolor, desánimo, dudas y miedos, sentimientos que jamás pensábamos sentir, ya que cuando llegas a la consulta médica, todo son pruebas, preguntas y mucha información nueva. Y, después de unos meses, me pusieron en lista de espera para un trasplante, momento a partir del cual tuve que estar continuamente pegada al móvil porque en cualquier momento podían llamarme y rápidamente tenía que estar en el hospital.
Así, comienza una cuenta atrás en la que tu vida es la que se está apagando, te estás muriendo, y tu vida depende de una llamada, y si esa llamada no llega a tiempo, mueres. No hay otra opción, y eso es muy difícil de digerir, no solo para el paciente, también para la familia y las personas que de verdad te quieren. Así, con estas palabras, me gustaría trasmitir la importancia y el agradecimiento a los donantes y sus familias, que con ese gesto lleno de generosidad hacen posible que personas como yo continuemos viviendo.
En mi caso, esa espera duró ocho meses, tiempo que se hace interminable, y vuelvo a repetir, vas sintiendo como te vas apagando. Pero, cuando llegó esa llamada, sentí una emoción indescriptible. Estábamos mi marido y yo solos, y al otro lado del teléfono una voz preguntó por mi nombre, y cuando confirmé que era yo, esa voz dijo que había un posible corazón para mí. Después, sentí alegría porque iba a tener la oportunidad de continuar viviendo, creí que estaba soñando, me quedé paralizada sin saber que hacer, y un pensamiento inmediato llegó, que en algún lugar alguien había muerto y que habían donado sus órganos para regalar vida. Una familia, a pesar de ese dolor, salvó vidas
como la mía.
Finalmente, sobre las once de la noche confirmaron que el corazón era compatible conmigo. El celador llegó enseguida, y aun me emociono al recordar el camino hacia el quirófano. Mi marido, mi hijo y mis padres se encontraban allí, nos despedimos cuando las puertas de ese quirófano se abrieron, y yo solo decía “os quiero”, hasta que las puertas se cerraron. Solo recuerdo una pregunta antes de dormirme, “¿Cómo estás?”, y yo respondí “Feliz porque voy a vivir”.
Hoy, estoy aquí delante de un ordenador emocionándome con cada recuerdo. Me dejo muchas cosas por escribir, pero intento plasmar brevemente mi historia. La vida tal vez no es fácil, pero a pesar de todo lo que nos pueda pasar, nunca hay que perder la esperanza, jamás dejar de luchar por tener una calidad de vida, y así poder disfrutar de cada momento, que, aunque parezca un tópico es real, la vida es un regalo y hay que vivirla.
Con todo, gracias a mi madre que me dio la vida, y con ella mi primer corazón que creció conmigo y tantos momentos se llevó con él. A mi ángel, mi donante, y a todos los donantes por hacer posible de nuevo la vida cuando ya no hay otra opción. Gracias por donar vida.
Cada latido por ti.