Gracias sobre todo a ti, MI QUERIDO DONANTE.

Me llamo Loli Martínez y en el 2013 sufrí un infarto de miocardio. Tenía 40 años y hasta ese día llevaba una vida normal, me cuidaba, comía saludable, hacía senderismo, no era diabética, no tenía colesterol y mi tensión arterial era normal. El infarto fue tan fuerte y complicado que ingresé directamente en UCI con Código 0 para trasplante cardiaco urgente. Parecía increíble que estuviera viviendo esa situación. Cuando me despertaba y los efectos de la morfina y de la medicación me lo permitían, levantaba lentamente la impoluta sábana de la cama de la UCI rezando para que todo aquello fuera una pesadilla, pero no era así…

 

Estuve conectada 19 días a una ECMO que hacía la función corazón-pulmón, los 19 días más eternos de mi vida, los más contradictorios y tristes. Nadie está preparado para asumir, en tan poco tiempo, que el corazón va a fallar de golpe y que no tiene curación, la única solución era el trasplante cardiaco.

 

No fueron unos días fáciles, me debatía entre la pena de no querer que nadie muriese y la esperanza de seguir viviendo. La gran labor psicológica que hicieron conmigo me ayudó muchísimo a sobrellevar ese tiempo de espera. También estaba el miedo a la intervención en caso de que llegase a tiempo un corazón compatible, se trataba de una intervención complicada que conllevaba sus riesgos, aunque el cardiólogo que me trasplantó me dijese que era un “trabajo simple de fontanería, quitar y poner tuberías”

 

Es difícil explicar la sensación de felicidad que sientes cuando te estás recuperando. Atrás quedaban los ojos enrojecidos de mi familia cuando venían de visita a la UCI, pensando que me iban a perder. Y empieza una segunda oportunidad de vivir, en la que cualquier momento, por insignificante que parezca, es tiempo extra. Todos los días doy las gracias a mi donante y a su familia por regalarme un corazón que me permite vivir.

 

En estos 11 años he podido leer un montón de libros, conocer a gente estupenda, ir a conciertos y al cine, bailar, sentir, amar, disfrutar de la gastronomía y viajar a lugares preciosos (cumplí mi sueño de montar en globo en la Capadocia). También ha habido momentos difíciles, las personas trasplantadas tenemos nuestras secuelas como enfermos crónicos e inmunosuprimidos que somos:  visitas extras al hospital, infecciones, resfriados interminables, efectos secundarios de la medicación. Pero lo más importante de todo es que sigo viviendo.

 

Aprovecho para dar las gracias a mi marido por la paciencia infinita que tiene conmigo (parece ser que la medicación nos provoca cambios de humor difíciles de aguantar) y por su amor; a mi hija por posponer los estudios de Maestra y Pedagoga para cuidarme en el postrasplante (se puso al día rápidamente) y mimarme continuamente; a mis padres y hermano, a todos mis familiares y amigos, a los nuevos compañeros que he conocido “de corazón” en la Asociación Valenciana de Trasplantados de Corazón y Pulmón (AVATCOR) y que tanto me ayudaron cuando más lo necesitaba; y sobre todo a ti, MI QUERIDO DONANTE.

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