Mi historia como persona trasplantada de corazón.

Con 39 años, sufrí una embolia en la arteria renal izquierda, que como consecuencia dejó mi riñón izquierdo sin función y el derecho al 80% de su función.

Tras dicha embolia, me diagnosticaron una Miocardiopatía restrictiva, y el pronóstico dictaminó la necesidad de un trasplante de corazón en un futuro, dependiendo de su evolución. Así, 12 años después, la evolución de dicha Miocardiopatía me llevó al trasplante cardíaco.

En 2011, con 51 años, me ingresaron en el Hospital Puerta de Hierro de Majadahonda en Madrid, con el fin de hacerme pruebas y determinar el estado de mi función cardíaca. Tras 10 días ingresado, los profesionales encargados de mi caso determinaron la necesidad de ponerme en lista de espera para un trasplante de corazón, y me dieron las directrices que necesitaba en caso de que me llamaran para trasplantarme, ya que mi residencia se encontraba a dos horas de viaje.

Al día siguiente, sobre las doce del mediodía llegó el cardiólogo para entregarme todos mis informes médicos sobre las pruebas que me habían hecho, así que me puse mi ropa de paisano, como yo la llamo cuando me quito el pijama del hospital y me pongo mi ropa, para marcharme a casa. No había pasado media hora cuando el cardiólogo volvió a visitarme, yo pensaba que se había olvidado de explicarme alguna cosa, pero había surgido un donante que creían que era compatible conmigo, dándome la opción de poder quedarme para trasplantarme, siempre y cuando el órgano estuviera en buenas condiciones y el donante fuera compatible. Mi respuesta fue que quería trasplantarme sino había ningún paciente en lista de espera en peores condiciones médicas, al responderme que no, me quité mi ropa, me puse ya el pijama de quirófano, y me prepararon para la operación, ya que aún tenían que ir a por el órgano y comprobar su compatibilidad. Mientras esperada, avisé a mi familia, ya que como sólo había venido a hacerme pruebas, estaba solo.

A las diez de la noche llegó un enfermero a mi habitación, y me comunicó que el corazón sí que era compatible, y que me llevaban al quirófano. En ese momento, llegó mi familia, así que puede verlos antes de entrar a la operación. Cuando entré al quirófano, los y las profesionales que estaban allí me hablaban, pero yo me dormí en pocos minutos. Tras la operación, no recodaba la primera vez que desperté, pero cuando volví a despertar por segunda vez mis familiares me dijeron que me había despertado anteriormente y que les había dicho que tenía ganas de comer, pero no lo recordaba.

JOSÉ GARCÍA-ABADILLO PADILLA

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