Tratamiento

El tratamiento de la enfermedad coronaria debe ser siempre indicado y controlado por un cardiólogo, excepto en las situaciones de urgencia, en las que la mayoría de los médicos sabe qué medidas iniciales deben tomarse. El tratamiento de base de la enfermedad requiere la conjunción de unas actitudes higiénico-dietéticas con la terapia farmacológica. Debe abandonarse el tabaco y seguirse una serie de recomendaciones sobre dieta y ejercicio físico. Se aconseja evitar el exceso de peso y el estrés. Es obligatorio el estricto control de la tensión arterial y el colesterol sanguíneo.

Si el paciente sufre un episodio de dolor torácico, puede administrarse nitroglicerina sublingual y, si no está tomando aspirina y no tiene antecedentes importantes de ulcera o sangrado gástrico ni es alérgico a los salicilatos, puede tomarse aspirina (entre 160 y 325 mg) por vía oral. Si el dolor y los síntomas acompañantes no ceden rápidamente, lo más recomendable es acudir a un servicio de urgencias. Allí se podrá hacer en poco tiempo el diagnóstico de infarto de miocardio, lo que permitirá iniciar el tratamiento trombolítico y salvar así la máxima cantidad de músculo cardiaco. Además, se administrarán otras medicaciones para aliviar los síntomas, tranquilizar al paciente y disminuir el riesgo de complicaciones. El paciente suele ser ingresado en una unidad de cuidados intensivos coronarios, donde se vigilará la evolución del proceso. Así, si aparece alguna complicación, se tomarán las medidas terapéuticas necesarias inmediatamente. En los casos más graves podrán requerirse medidas más agresivas, como la realización de una angioplastia coronaria (dilatación de la obstrucción con un catéter-balón) o cirugía de by-pass (puentes de la aorta a la coronaria para saltar las obstrucciones).

Sea por una angina inestable o por un infarto, la estancia hospitalaria variará según la situación clínica. Los pacientes con rápida recuperación y sin complicaciones podrán salir de la unidad coronaria en pocos días y ser dados de alta al domicilio en 7 a 10 días. La movilización suele iniciarse pronto y en los primeros días de la estancia hospitalaria el paciente podrá comenzar a pasear. Durante el ingreso, los pacientes son sometidos a diferentes pruebas para valorar la importancia de la enfermedad. La estancia puede prolongarse si se produce alguna complicación, aunque no siempre esto supone una mayor gravedad. Algunos pacientes no requerirán más pruebas y podrán reiniciar progresivamente las actividades habituales que realizaba antes del ingreso. Otros, sin embargo, necesitarán una valoración más profunda mediante estudios radiológicos especiales o cateterismo. En cualquier caso, la finalidad de todo esto es, además de intentar prevenir complicaciones futuras, procurar que el paciente se reincorpore a su modo de vida previo, tanto en lo referente a su vida familiar como a su actividad física, sexual y laboral. La mayoría de los pacientes podrán estar realizando ya una actividad física moderada y mantener relaciones sexuales aproximadamente al mes de haber tenido el ataque cardiaco. La actividad laboral podrá reiniciarse a partir del segundo o tercer mes tras el alta hospitalaria.

Tras un ataque cardiaco, el paciente deberá tomar las debidas medidas preventivas, cambiando sus hábitos para adquirir un estilo de vida saludable. Se le recomendará que evite el frío o calor excesivos, así como la actividad física brusca, intensa o extenuante. Deberá mentalizarse para mantener un estado de ánimo positivo, buscando el apoyo de sus familiares y amigos y, si es necesario, de un psicólogo o psiquiatra. Deberá seguir las recomendaciones del cardiólogo quien, además, le indicará el tratamiento que debe recibir y le realizará periódicamente las exploraciones que considere oportunas.

 

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