Síntomas
La enfermedad coronaria se manifiesta, fundamentalmente, de dos formas: la angina de pecho y el infarto de miocardio. En la angina de pecho la disminución del riego sanguíneo al músculo cardiaco suele durar menos de media hora, por lo que no se produce muerte celular. En el infarto de miocardio, sin embargo, la isquemia suele ser más duradera, produciéndose la necrosis (muerte) de las células. En ambos casos el síntoma más habitual es la aparición de un dolor de intensidad variable localizado en la parte anterior del tórax. A veces el dolor se manifiesta en el cuello, brazos, espalda y/o abdomen. No es raro que el paciente refiera algún síntoma acompañante, como falta de aire, mareo, sudoración, palpitaciones, náuseas y/o vómitos. En ocasiones no aparece verdadero dolor sino sensación de opresión, quemazón o malestar inespecífico en la parte anterior del tórax. No es infrecuente que el paciente crea que la molestia es debida a gases, sobre todo si el dolor se localiza en la parte superior del abdomen, por lo que puede no darle la debida importancia. A pesar de lo que supone una angina o un infarto, en un pequeño número de casos no se presentan síntomas o éstos son muy ligeros y pasajeros. Además, los mismos síntomas también pueden ser debidos a otros procesos, por lo que es necesario que sean siempre valorados por un médico.
El paciente con angina de pecho presenta el dolor torácico frecuentemente relacionado con algún desencadenante, como puede ser el esfuerzo, físico o psíquico, el frío, estrés, nerviosismo, emociones o la actividad sexual. El dolor suele durar menos de 30 minutos y habitualmente se alivia en pocos minutos una vez ha desaparecido la causa desencadenante. En el infarto de miocardio el dolor suele persistir más de 30 minutos, muchas veces durante horas, ya que la causa del mismo es la obstrucción fija de una arteria coronaria por un trombo (coágulo de sangre). En algunos casos, la angina de pecho o el infarto de miocardio son causados por un espasmo de una arteria coronaria, independientemente de que existan o no placas de ateroma en la misma. Con frecuencia el infarto aparece sin un desencadenante claro, aunque pueden inducirlo los mismos factores que se mencionaron en la angina de pecho. Una vez pasada la fase aguda del infarto, la zona de miocardio muerto es sustituida por una cicatriz. Por ello, el tamaño del infarto va a condicionar significativamente la situación futura del funcionamiento cardiaco. Un infarto muy extenso puede dar lugar a un fallo crónico del corazón que se manifiesta como insuficiencia cardiaca.
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